2/1/17

Entre los árboles






Aquí, los reclusos de esta farsa, los días de licor de luna prefieren descerrojarse un disparo de paloma en las venas, antes que llorar el alma abandonada ayer en una esquina .


 Muchos de ellos, suelen guiñarle un ojo a cualquier sombra que pasa, con la vaga esperanza que se compadezca de su humanidad despojada y errabunda.

Los más suicidas, sin embargo , se atan trapos en los antebrazos y se encienden como faros que iluminan la escena última.

De tanto en tanto en tanto, golpea las puertas un beso extraviado en algún combate o guerra amorosa.

Todo funciona de maravillas en este hospicio: la rabia es declarada patrimonio  y la tristeza es el único culto aceptado.

El viento dejó de soplar  hace décadas y tan solo se limita a susurrar viejas canciones de derrotas y fugas.

Alguien puede oírlo y escribe y lee sus notas entre los árboles.

Escribe y lee.

Entre los árboles.

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